-Cosas que se hacen deprisa, se sienten despacio.







viernes 20 de noviembre de 2009

¿Alacrana o Alakrana?


No suelo tirar de estos temas públicamente para derecha o para izquierda, es decir, pongo rumbo siempre a mi bola, sin posicionarme ni identificarme más que con la dirección de mi nariz, que para eso es mía.

Pero esto del Alakrana.... o Alacrana, no sé si se escribe en Español –ahora Castellano- o en Vascuence -ahora Euskera-, pero mi nariz me lleva a largas elucubraciones sin rumbo definido.

A ver si me explico, o incluso me entiendo yo mismo.

¿Esto se trata de una barquito que salió de una cala española con banderita roja y gualda y a las 200 millas arrió el trapillo y levantó otro que creo que entre sus colorines se encuentran el blanco, rojo y verde?

¿Es eso? ¿Es así?.......¿Y eso?

¿Y luego esto va de unos piratas malos, borrachines, puretas y grifaos, a los que lo de las 200 millas les trae mayormente al pairo –tampoco tiene que ir con todos el asunto de las aguas territoriales porque lo haya dicho no sé quien que hasta las 200 millas es mío y a partir de ahí de todos- y muy enfadados de que algunos países, consumistas y consumidos de riqueza arribemos frente a sus costas y les robemos sus recursos naturales por el careto, por lo que de muy malas y feas, feísimas y pirateantes formas, abordan el barquito con nombre castellano o vasco no sé aún discernirlo y trapillo aspado blanco, verde y rojo y lo abordan para pedir rescate a .......a quien? ¿Al país que representa su bandera blanca, verde y, creo que lleva rojo por algún lado?

Mi bandera solo tiene el rojo y gualda, mi nariz me dirige a elucubrar que qué pintamos nosotros solos en esta historia de quien reniega de nosotros y que no pueda participar también de paganini cualquier otro país por motivos humanitarios, y no de bandera, además del nuestro.

Más que nada porque hemos pagado con nuestros bolsillos la taquilla de estos piratillas, borrachines, puretas y emporraos, enfadados de que nos llevemos sus peces, que lejos de leyes internacionales de las que ellos no entienden son suyos, al mercado de abastos de nuestra plaza central y que nos requieren para quedarse con el IVA y de paso poder casarse unos cuantos de ellos con mis talegos a todo trapo, orujo y grifa.

Aunque entiendo que como país solidario que somos haya que apoyar a otros países -como ha sido el caso-, también entiendo que algún representante de los que pago con mis impuestos hable con ese país de la bandera de las aspas que ondeaba en el Alacrana o con su armador, y les diga que me devuelvan lo que de muy buen gusto ha salido de mi bolsillo para sacar a ese barquito de nombre castellano o vasco de allí y me reponga el saldo a la mayor brevedad que me hace falta pasa solventar unos pagos que tengo pendientes.

Para mayor gloria, parece que ayudar al barquito de ese país de marras, según el gobierno que nos dirige y administra, ha sido un éxito....Etoooooo....¡hombre por dios! digo yo que un éxito habría sido no tener que prestarles el dinero -digo prestarles, que yo solo reparto mis dineros con mis compatriotas reconocidos-, y haber conseguido liberarlos de bareta.

O digo yo que un éxito hubiera sido utilizar los 45 días empleados en el regateo y pérdida de nervios y estribos de las familias para organizar una movida militar de la ostia que dejemos al mundo flipando -que tiempo han tenido-, para que con los impuestos que pago a los soldaditos españoles, nicaragüenses y colombianos para que me protejan, hubiesen organizado un ataque de esos que salen en las películas y que muere hasta el apuntador y trasladado los medios necesarios en este mes y medio para que una vez a salvo los marineros que un día bajaron la bandera roja y gualda y levantaron la del aspa, les atiborraran las zodiac a pepinos y desplegaran a las Coes en la playa a esperar a los filibusteros arribar a ellas y practicaran el tiro al blanco no dejando títere a flote.

Hasta hubiera regalado de buen gusto al fondo del mar si con ellos se hubieran ido los piratas, los euribor que me ha costado el rescate y que se peguen un buceo después y lo disfruten las gentes a las que los países de primera línea les reventamos sus recursos naturales y de paso, para las viudas de los piratas destripados también ¡Ea!

Pero tiznar de éxito una liberación previo paso por taquilla, pues les han sobrado 44 días para tal hazaña diplomática.

En 45 días de negociaciones tener solo a disposición bélica un triste helicóptero para disparar a la proa –no sea que les vaya a dar- de quien se lleva nuestra guita, no me parece una hazaña propia y exitosa de un país de primera línea, que eso es lo que nos venden en las noticias de las nueve y más bien ha sido un ridículo de no te menees.

En fin.....que lo disfruten los recién casados, que nosotros nos hemos quedado sin la paxta, sin los peces, sin el orgullo de haberlos mandado al fondo y sin la banderita roja y gualda ondeando en el Alacrana....o Alakrana, pero que nos quiten lo bailado, al fin y al cabo......ha sido todo un éxito.....o eso nos han dicho.

Acabáramos.

.....Y Rajoy cállate tío. No la jodas más, que ya nos comemos la bola nosotros solos con nuestras cavilaciones. Peñazo, que eres un peñazo.

Ale.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Crónica Mauritania


Recién llegados de África mi Patrol y yo, a cual más reventado con más de 8000 km. y 1.200 litros de combustible a una insoportable media de 49.6 km. por hora.

Hace tres semanas cruzamos Marruecos y el Sahara español en dos días, conduciendo 14 horas diarias por las peligrosas carreteras africanas que de noche son una ruleta rusa, en la que después de tantas horas de conducción, las luces de los camiones que se te cruzan invadiendo parte de tu calzada te obligan a apartar la mirada del reflejo de sus luces, pasando a escasos centimetros de nuestros morros.

Cada vez que viajo a África me parece algo normal, solo al volver te das cuenta de su peligrosidad, pero allí te acostumbras, y al final, parece convertirse en una especie de juego virtual en el que parece que si chocas lo único que sucede es que pierdes la partida y hay que echar otro euro para continuar jugando.

Aún así, allí no es tan peligroso, todos tus alertas adormecidas en España se activan allí y los reflejos se multiplican.

Tras los lentos y primitivos trámites en la penosa frontera Mauritana y atravesar la zona libre, territorio de nadie, una trialera de 4 kilómetros atiborrada de minas y coches reventados por ellas, iniciamos nuestra ruta por el país en dirección a Malí, donde
llegamos a Atar, y después a Chinguetti, la séptima ciudad sagrada del Islam. Después, rumbo a Oriente y más tarde al sur para acometer una gran zona desértica entre un inmenso mar de sol y dunas desde Ouadane hasta Tidjika. Las autoridades solo nos dan referencias de que todos lo realizan desde una pista que sale de Atar y llega a Tichit, pero que atravesando las dunas a pelo, no es posible. Por donde lo hicimos fue una sonada etapa del Dakar del 2.000 en la que solo lo consiguieron cruzar con éxito dos Mitsubishis, teniendo que ser rescatados de la arena todos los demás. Nosotros, al haber llovido un poco y no tener la prisa de los Dakarianos por llegar a meta lo tendríamos algo más fácil, aunque impresionaba ver lo que teníamos por delante, y si una vez dentro hay problemas y los coches no quieren avanzar……buff, mejor estar muy preparado física, psíquica y técnicamente para salir de allí a pié.

Cuando en los numerosos controles militares nos preguntaban que por donde pensábamos atravesar el desierto nos trataban de pirados e insistían en que ello no era posible, que por allí no pasaba nunca nadie. Ante nuestra insistiencia, se daban la vuelta con un gesto de..... Illsaláh....Si Dios quiere. ¡Vamos, que nos mandaban a paseo por chalados!

Tardamos 3 días en sortear el mar de dunas, conducíamos 12 horas diarias y hacíamos tan solo 100 km. diarios por la dificultad de la navegación. La complicación de esas dunas, distintas en color y densidad a las que conocíamos hasta ahora y por los continuos atrancos, nos hacían palear repetidamente bajo los coches para liberarlos cuando se los tragaba la arena.



Una tormenta de arena estando en medio de ese Erg, o una lluvia, muy habitual en el desierto en estas épocas, nos habría puesto las cosas realmente serias. Pero ya estábamos allí y no había vuelta atrás, si la mecánica funcionaba, y la climatología no nos jugaba una mala pasada, la gran experiencia de navegación en dunas de nuestros guías era una buena garantía. Sentía una gran sensación de claustrofobia. No ver alrededor tuyo más horizonte que arena en cientos de kilómetros y que la mayoría de los que allí estábamos, por físico, dependíamos de la mecánica de nuestros coches para poder escapar de allí, te sobrecogía.

Si los TTs encallan en el desierto por una climatología adversa y se paran a 200 km. de la pista transitada más cercana, caminar 50 km. diarios para sortearlo en 4 días y calcular el agua que debería de cargar fue lo primero que me sobrevino a mi cabeza. ¿Quien aguantaría durmiendo por el día y caminando 50 km. cada noche con el poco agua que se podía trasladar?
Allí tampoco se piensa mucho en ello, la cabeza no mide el riesgo con los mismos baremos que en Europa y como los nómadas, vives el momento, el futuro sonlas próxima 2 horas y no se percibe el peligro igual que en la urbe, pero ya aquí, en España, con la cabeza fría y recobrando la "mentalidad temerosa y protectora occidental" se vé como una temeridad.

Tan inhóspito y agreste era el lugar que pasamos por una zona militar secreta del ejército Mauritano fronteriza con Malí y al vernos acercarse nuestros 10 coches por donde nunca antes habían visto a nadie, hicieron que saliese toda la guarnición a interceptarnos antes de acercarnos más a sus instalaciones. Nos debieron de confundir con los bandidos, que son frecuentes
en esa zona y que hace poco degollaron a una patrulla Mauritana, por lo que salió toda la guarnición, apoyados por dos todo terrenos con ametralladora que pusieron uno a cada lado de nuestra caravana y desplegándose todos los soldados que los ocupaban, rodeándonos, tirándose cuerpo a tierra y apuntándonos desde las dunas hasta que llegó el mando de la guarnición.

Cuando nos preguntaron que hacíamos allí el tío flipaba.

"Estamos de Rally 4x4".

¡Pero que Rally! decía llevándose las manos a la cabeza sin creerse lo que estaba viendo. Pero ya cuando le explicábamos por donde habíamos venido y por donde tratábamos de marchar, si no nos ametrallaba antes el tipo, ya bizqueaba y miraba al cielo frotándose la testa.

¡Si nadie ha pasado por allí, nunca! ¡No se puede, es imposible ir por allí!

Después de varias gestiones del jefe militar con sus mandos de la capital por teléfono satélite, y sin tener claro quien pasó más miedo, si ellos de los "bandidos", o nosotros, de estar encañonados media hora por unos asustados soldados que al coger alocadamente los cascos cuando les dieron la alarma no debieron atinar con los suyos y les bailaban en sus cabezas teniendo que llevar el arma en una mano y con la otra sujetarse los cascos, y que cuando se tiraron cuerpo a tierra, se les caían y rodaban por las dunas. La repanocha fue la "marcial" forma de rodearnos alocadamente. De haber tenido malas intenciones no habríamos dejado uno vivo.
Una vez revisados todos los pasaportes y darles sus mandos vía libre, nos dejaron proseguir, insistiendo en que estábamos como sonajeros de andar por allí.
Estuvimos 8 o 9 días seguidos acampando en el desierto sin pisar carreteras y sin pillar una ducha, Fernando y yo dormíamos al raso, siempre nos ha gustado contar estrellas en el desierto, pero 2 noches por el viento y la humedad tuvimos que montar la tienda.

Eso de las tiendas Decathlón son un infierno; las tiras al aire y se montan solas en un plis, pero recogerlas es un trabajo de ingeniería, me siento incapaz de atinar con ese extraño juego de muñecas que tienes que hacer para que la maldita tienda se pliegue. Es mejor comprar una para cada día e ir dejándolas allí.

Pasamos muy cerca de Malí y Senegal, apenas 90 km. del primero y 60 de éste, y llegamos a Noakchott, la capital del país.
Marruecos comparado con Mauritania es Nueva York, la pobreza es extrema, según avanzábamos hacia el sur se asemejaban ya más a los paisajes de la sabana del África negra y del Sahel, las pieles mucho más oscuras y la fisonomía de los habitantes más erguida y de considerable altura comparada con los marroquíes.

Tomamos ya desde la capital dirección norte por la orilla del mar, kilómetros y kilómetros de playa hasta llegar al Cabo Tafarit donde compramos peces a los pescadores que allí estaba y después de un laborioso trabajo de limpieza y descame, los cocinamos en un fuego en la playa.

Cuando salimos a la carretera, una de las pocas que tiene el país, era lentísimo el avance debido a los continuos controles militares que nos paraban, algunos cada 5 km. ¿Qué podíamos hacer ilegal en un tramo de carretera de apenas una decena de kilómetros para que nos parasen continuamente? Lo más que pudiera suceder es que nos caducaran los pasaportes en esos diez minutos, pero en fin, es algo inevitable en África, hay que sacar los pasaportes continuamente y darles –no se para qué- tu profesión que les encanta saber lo que eres.

En los arcenes se acumulaban los camellos, los borricos y las vacas muertas atropellados por los vehículos, los había por docenas y allí nadie se ocupaba de recogerlos.

De vuelta hicimos noche en Villa Cisneros, ahora llamada Dakhla, antigua ciudad española. Allí encontré un sacerdote español, uno de los dos que quedan en todo el Sahara Occidental, estuvimos en una terraza tomando una cerveza y charló con nosotros sobre la marcha verde que el vivió de cerca y como el espabilado del Hassan enviaba Marroquíes a la zona para sobre poblarla y ganar así un improbable referéndum y hacer suyo todo el Sahara. El elemento éste mandó contra las tropas españolas a 300.000 civiles de los que 150.000 se quedaron a vivir allí.
Al día siguiente dormimos en Tan tan, antes pasamos por Tarfaya, otra plaza española y en ese momento estábamos a 100 km. de las Islas canarias, buena cobertura Movistar y emisoras en español que nos ponían al día del secuestro del Alacrana y de los derrapes del Atlético de Madrid.

El último día ya muy cansados decidimos hacer 1.400 km. desde Essauira y ya del tirón cruzando la frontera por Ceuta y cogiendo el Ferry llegar a casa.
El contraste entre Marruecos y Mauritania es brutal, cuando aquel mira claramente al norte buscando un acercamiento a Europa lento pero progresivo, Mauritania mira al sur, así como sus pocos enlaces asfaltados que apuntan más a Senegal y al Sahel que hacia sus mal avenidos vecinos del norte.

Un viaje que tenía por hacer pero que no sé si volveré a repetir…..demasiado rudo para tan poco tiempo. O haces kilómetros de sol a sol sin descanso y gastas tus fuerzas en avanzar metro a metro por el desierto o lo dedicas más tranquilamente a enriquecete conociendo a sus gentes, las dos cosas es imposible en tan solo 20 días.

Ver pasar arena y más arena sin mirar a los ojos unos segundos de quienes te encuentras, sin un rato para expresarme por señas al atardecer cuando cansado llegas a algún sitio habitado, o pasar en nuestros coches sin aprender algo de lo mucho que saben de sobrevivir quienes allí habitan, no es mi ideal de viaje a África.
Aún así, hay que ir una vez en la vida al menos a sufrirlo y disfrutarlo. Mucho queda en la retina y en el espíritu cada vez que cruzo el Estrecho que me hace ver la vida de otra forma durante una buena temporada……..hasta que se me gaste el “carburante” y vuelva a bajar a “casa”.